Martes, 15 de noviembre de 2016

Me dejaste, ¡oh gacela!,

atado en manos del infortunio.

Desde que me alejaste de ti,

no he conocido placer de sueño.

¡Si entrara en mi destino un gesto

tuyo o una mirada fortuita!

Mi intercesor -¡mi verdugo!-

en el amor es tu bello rostro.

Estaba libre del amor

y yo hoy me veo rendido.

Fue mi secreto silencioso,

y ahora ya se sabe.

No hay escape de ti,

lo que desees para mí,

así sea.


Publicado por Llassa @ 11:00  | Poemas arabes
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