Jueves, 20 de octubre de 2016

Honor a ti, Amón Ra, que en No-Amón resides

y recorres dichoso el cielo al orto;

de bienaventurados mil seguido vas

en pos de las ácueas simas celestiales.

Tú eres el Uno oculto, desconocido,

el que no tiene igual, Señor de los dioses,

rico en nombres que no podría enumerar

aún si mis torpes horas fueran las tuyas.

Tu poder se crece mientras Tu Majestad,

segura, avanza hasta dar fin a las horas;

Penetrando incluso en la Tierra de Manu

para volver al lugar que ayer ocupó.

Ten para ti nuestra adoración, Anciano,

puesto que Tú creaste a dioses y a hombres todos

y les concediste ser bajo las formas

que Tu Majestad consideró precisas.

Tú eres aquel cuyo ser todo lo abarca,

entre todos aquel que creó lo que existe,

aquel a quien acuden todos los hombres

y de cuya belleza se regocijan.

Dondequiera me encuentre a mi lado estás;

no hay extensión de la tierra, altura del

cielo ni profundidad del mar en que tu

ba no halla dejado huella sempiterna.

Tus fotones son capaces de excitar en

los más lejanos parajes del espacio

moléculas tan necesarias para la

vida de los seres que Tú mismo creaste.

Cuando Tú brillas son felices los hombres,

las plantas toman de tu energía y nos brindan

la hierba para el ganado y los frutos

para los seres, contigo agradecidos.

Yo te adoro cuando traes sobre Tu frente

la corona Ureret, Señor de ambas

riberas abarcadas por siempre por Tu

Luz que recorre inexpresables distancias.

Eres Jepera, que te creaste a ti mismo,

Gran Escarabajo Sagrado creador de

los dioses; Tú, que te alzaste al principio

sobre los ácueos abismos celestiales.

Tú, Heru-juti-Temu Heru-Jepera,

fortísimo halcón, portador eviterno

de su propio rostro, bello, a causa de

tus dos plumas –altas y sacras diademas.


Publicado por Llassa @ 11:00  | Poemas sobre Egipto
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