Mi?rcoles, 12 de octubre de 2016

[I verso] Habla a su corazón:

‘Ven, corazón, voy a hablarte;

debes responderme a mis palabras

y explicarme lo que pasa

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a través de la tierra,

y cómo aquellos que brillaban son abatidos.

Ocurre que estoy meditando sobre las cosas que suceden:

la miseria se ha presentado [2] en el día de hoy;

mañana, los extranjeros

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no dejarán de venir;

todos callaron con respecto a ello;

la tierra entera está en una gran agitación;

no hay ningún cuerpo que carezca de maldad;

todos se agradan haciéndolo

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;

los corazones son codiciosos;

aquel que da órdenes es [3] aquel a quien se daba órdenes;

el corazón de ambos está feliz.

Uno se levanta temprano por ello cada día

y los corazones no lo rechazan;

la situación de ayer allí es como la del día de hoy;

la cara que sobrepasa [?] por ello a la abundancia

es la cara que permanece imperturbable [?]

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.

No hay sabio que comprenda,

[4] ni colérico que dé un grito,

pero uno se levanta temprano para sufrir cada día.

Mi sufrimiento es largo y pesado;

la fuerza física de la miseria no es capaz de rescatarlo

de la acción de alguien más poderoso que él.

Es una pena guardar silencio en relación con lo que se ha escuchado

y vano responder al [5] ignorante.

El rechazar un asunto genera enemistad;

el corazón no acepta la verdad.

Se soportan las noticias corrientes

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,

y cualquiera desea sus propias frases;

todos ponen confianza en la perversidad

y la precisión del lenguaje es abandonada.

Te hablo, [6] oh corazón y debes responderme;

un corazón requerido no calla.

Mira los asuntos de un sirviente son como los de un señor

y es grande la carga sobre ti.


Publicado por Llassa @ 11:00  | Poemas sobre Egipto
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