Lunes, 26 de septiembre de 2016

Oh, quien fuese su espejo,
Para ser siempre el blanco de su mirada
Oh, quien fuese su vestido,
Para estar siempre envolviéndola
Oh, quien fuese el agua que lava su cuerpo
Oh, quien fuese bálsamo perfumado para ungirla
Oh, quien fuese la banda de lino que ciñe sus pechos
Oh, quien fuese el colar que acaricia su cuello
Oh, quien fuese la sandalia que ella pisa.


Publicado por Llassa @ 20:37  | Poemas sobre Egipto
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