Viernes, 30 de septiembre de 2016

Tengo un amado alto, blanco, rubio.
¿Has visto de noche la luna? Pues él brilla más
Me dejó el traidor y luego vino a verme y saber mis nuevas:
tapó mi boca, calló mi lengua,
hizo como la lima con mis barruntos.
¡Qué dulce es este amor y qué amargo!
¡Qué feo el abandono, qué afrentoso!
¡Qué triste es ser amante y qué alegre!
¿Por qué falta abandonan al pobre amante?
Me gustas, Wasqi, justo o injusto;
veme ante ti como ante quien rige;
sé engreído, cede, abandona, disparata;
ten o no clemencia, sé turbio o diáfano.
Dos seres me irritan: delator y censor
pues tal no expele boca sensata;
vano es a mis oídos lo que digan:
sea Dios testigo, si lo repiten.
Yo no sabía cuán suyo soy;
al abrir la puerta y yo encontrarlo,
«¡Dios grande!», dije, hermano, al verlo,
como ha de decir quien ve el creciente.
Dos fiestas hay en el año con que cuento.
¿Cómo he de olvidarte, querido, mi hijo,
si entre tus labios está mi gusto?
¿Es saliva, pardiez, o agua y azúcar?


Publicado por Llassa @ 11:00  | Poemas arabes
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